¿Cuáles son los Atributos de una Mente de Liderazgo?
Los líderes auténticos han absorbido el hecho fundamental de
la existencia: no es posible eludir las contradicciones inherentes de la vida.
La mente de liderazgo es amplia: tiene espacio para las ambigüedades del mundo,
para sentimientos conflictivos y para ideas contradictorias.
Creo que el atributo principal del liderazgo es la habilidad de manejar
la polaridad. En cada aspecto de la vida, las polaridades son
inevitables: queremos vivir, pero debemos morir. ¿Cómo puedo dedicarme de
lleno a la familia y a mi carrera? ¿Soy un jefe o un amigo? ¿Cómo concilio
mis propias necesidades con las de mi equipo? Esas paradojas son simplemente
parte de la vida. Cada interacción de negocios es una forma de confrontación,
un choque de prioridades, una batalla de creencias. Esa no es una invitación a
librar una batalla épica del bien contra el mal. Mi punto radica en que usted
debe tener cuidado de no golpear su cabeza con la puerta equivocada. Las
polaridades están en la naturaleza misma de las cosas. En la forma como
actuamos y como respondemos ante esas polaridades, ahí, separamos la grandeza
de la mediocridad.
Eso no significa que no tengamos que tomar decisiones. Las elecciones difíciles
son un requisito diario del liderazgo. Los líderes deben contratar y despedir,
suscribir nuevas estrategias y arriesgar inversiones, todo lo cual puede llevar
al estrés y la culpa. La presencia de la culpa no es resultado de tomar una
decisión incorrecta, sino de la escogencia misma. Esa es la condición humana:
usted es un ser que escoge.
Un hombre joven y ambicioso con el que trabajé en Amoco obtuvo una doble
promoción que requería su transferencia a El Cairo. Fue donde su joven esposa
y su bebé, y dijo: "buenas noticias, nos vamos para El Cairo".
Consternada, su esposa dijo: "tú te vas solo, yo me voy a vivir con mi mamá".
Esa fue la primera prueba de liderazgo en esa familia. Después de haber
discutido, pudieron haber estado tentados a creer que la madurez les exigía
negar sus sentimientos y sacrificarse el uno por el otro. Pero eso realmente
lleva a la enfermedad, la depresión y al fin del afecto. Por el contrario,
ellos volvieron a lo fundamental: ¿es mi carrera o es nuestra carrera?, ¿es tu
bebé o nuestro bebé?, ¿somos individuos independientes o funcionamos como un
equipo? Ese matrimonio tuvo que crecer el equivalente de cinco años en dos
semanas.
Terminaron viajando a El Cairo, pero su relación se había
transformado: ella entendió que la carrera de su esposo era importante para
ella; él se comprometió de nuevo con sus valores como miembro de la familia. Lo
importante no es qué terminaron escogiendo, sino cómo lo hicieron.
Tomaron el valiente paso de redefinir de adentro hacia afuera, quiénes eran
ellos realmente. El "cómo" da carácter. El "qué" en última
instancia no tiene ninguna importancia emocional. Manejar esa polaridad nos enseña
que no existen soluciones, solo hay cambios de actitud. Cuando lucha con las
polaridades en su vida, usted pierde sus ilusiones arrogantes y desenfrenadas y
se da cuenta de que es una pieza muy pequeña en este universo. Poder entender
ese mensaje lo convierte en un ser humano más creíble.
Para un líder, una cosa es adoptar las contradicciones de la nueva economía.
Pero, ¿cómo persuade a los colegas de seguir ese tipo de pensamiento? Los
mejores líderes operan en cuatro dimensiones: visión, realidad, ética y valor.
Estas son las cuatro inteligencias, las cuatro formas de percibir, los lenguajes
de comunicación necesarios para poder obtener resultados sostenibles y
significativos. El líder visionario piensa en grande, en nuevas cosas, en más
allá y, más importante aún, está en contacto con la profunda estructura de
la conciencia humana y el potencial creativo. La realidad es el polo opuesto de
la visión. El líder, como realista, sigue el refrán: "enfrente la
realidad como es, no como usted querría que fuera". El realista lucha con
parámetros fuertes, diarios y numéricos. El realista no tiene ilusiones, ve
los límites y no tiene paciencia para la especulación. La ética se refiere a
los valores humanos básicos de integridad, amor y sentido. Esta dimensión
representa un nivel mayor de desarrollo, regido no por el temor o el placer sino
por los principios. El valor es el terreno de la voluntad; involucra la
capacidad de hacer que las cosas ocurran. Las raíces filosóficas de esta
dimensión están en el entendimiento de la importancia fundamental de la
libertad en los asuntos humanos. El valor involucra tanto la defensa --la
habilidad de tomar una posición-- como la internalización de la
responsabilidad personal.
El verdadero desafío del liderazgo es desarrollar a la vez todos estos cuatro
--a veces, contradictorios-- modos de pensar y de comportarse. Los líderes
tienden a operar en dos dimensiones, lo que tiene que ver mucho más con una
falta de comprensión de la naturaleza humana que con una intención oscura. La
realidad domina y el segundo atributo más común es la ética. Considere la
afirmación: "las personas son nuestro activo más importante".
Infortunadamente, estas se convierten en palabras vacías no solo porque pocas
personas hacen la conexión entre ganancias y valores humanos, sino porque no
existe un entendimiento adecuado de qué significa ser un ser humano en un
ambiente brutalmente competitivo. "Visión" puede ser una de las
palabras más usadas en los negocios. Pero, la visión --en el sentido de afinar
un pensamiento en grande y generar la capacidad de una continua inventiva--
raramente es practicada. Y el valor se demuestra aún menos. Cuando hablamos de
valor, por lo general queremos decir tener agallas o tomar riesgos. Pero usted
habla del coraje o valor casi como si fuera una cualidad mítica, una que recae
en el corazón del éxito del liderazgo.
Esto nos lleva al comienzo de la discusión. Aristóteles creía que el valor
era la primera de las virtudes humanas, porque era la que hacía posible todas
las demás. El valor comienza con la decisión de enfrentar: el sucio secreto de
que somos libres. Requiere el entendimiento del libre albedrío en el nivel
arquetípico, el entendimiento de que somos libres de definir quiénes somos en
cada momento. No somos lo que la sociedad y el azar han hecho de
nosotros; somos lo que escogimos ser, desde lo más profundo de nuestro ser.
Somos un producto de nuestra voluntad. Nos hacemos a nosotros mismos, en el
sentido más profundo.
Uno de los problemas más graves en la vida es la autolimitación: creamos
mecanismos de defensa para protegernos de la ansiedad que genera la libertad.
Nos rehusamos a llegar a nuestro potencial. Esta es la definición de Freud de
la psiconeurosis: limitamos la manera como vivimos para limitar la cantidad de
ansiedad que experimentamos. Terminamos así tranquilizando muchas de las
funciones de la vida. Cerramos los centros de pensamiento creativo y
empresarial; detenemos el progreso y el crecimiento. Pero, ninguna decisión
significativa--personal u organizacional--se ha tomado alguna vez sin haber sido
manejada por una crisis existencial, o sin un compromiso para atravesar la
ansiedad, la incertidumbre y la culpa.
Eso queremos decir por transformación. Usted no puede cambiar tan solo la forma
como usted piensa o la forma como actúa. Usted debe cambiar la forma
como maneja su voluntad. Debe tomar control sobre los patrones que
gobiernan su mente: su visión del mundo, sus creencias acerca de lo que usted
se merece y acerca de lo que es posible. Esa es la zona de cambio fundamental,
de fortaleza y energía, y ese es el verdadero significado del coraje.
Algunas personas tienen más talento que otras. Algunas son más privilegiadas
en términos de educación. Pero todos tenemos la capacidad de ser grandes. Su
grandeza viene con el reconocimiento de que su potencial está limitado solo por
cómo escoge, cómo utiliza su libertad, qué tan decidido es, qué tan
persistente es... en resumen, por su actitud. Todos somos libres de escoger
nuestra actitud.
Fuente: Peter Koestenbaum, “Tiene usted la voluntad para
liderar?”,
Preparado por Rodolfo Verdeja, República Dominicana. http://www.roverdeja.com/co
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