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¿Estamos bien liderados?
¿Qué le sucede a una organización cuando el director
ejecutivo es incompetente para liderarla? ¿Qué ocurre cuando algunos de los
ejecutivos superiores no son capaces, carecen de experiencia, están mal
ubicados, agotados, o por otras razones no saben liderar a las personas que
integran sus dominios de influencia?
La mayoría de los libros sobre creación de visión, establecimiento de la
estrategia, planificación de la orientación, o como se desee denominarlo,
parecen partir del supuesto "diplomático" de que el director
ejecutivo que los lee no tiene ningún problema emocional. Suponen que esa
persona, usualmente representada como un varón, es psicológicamente madura,
con habilidades para el trato interpersonal, sensata, receptiva, con fluidez
intelectual, lógica, creativa, abierta a nuevas ideas y que se siente cómoda
con los cambios. La verdad es que conocemos muy pocos directores ejecutivos que
tienen todas esas cualidades muy desarrolladas. La mayoría, son seres humanos
normales...
¿Y si el jefe es un alcohólico, cuya adicción deteriora su capacidad para el
rol? ¿Y si su romance dentro de la empresa ha hecho que pierda el respeto de
aquellos a quienes debe liderar? ¿Y si es emocionalmente inconstante, o incluso
inestable? ¿Y si simplemente ha dejado atrás su mejor momento intelectual, es
incapaz, o no está dispuesto a asumir los nuevos desafíos del día? ¿Y si le
faltan sólo unos años para jubilarse y ya no quiere crearse problemas, aunque
esté claro que su "barco" no va a ningún lado? ¿Y si tiene una gran
terquedad, o es tan arrogante desde el punto de vista intelectual, que no
escucha las opiniones de otras personas que pueden ofrecerle ideas importantes?
Un hecho raro, pero constructivo, es que el director ejecutivo y los otros
miembros del equipo de liderazgo se pregunten con franqueza qué nuevas
competencias tienen que adquirir, como líderes y como equipo, para afrontar los
nuevos desafíos de la empresa. Una pregunta relacionada con ésta es: ¿Qué
conductas se deben abandonar y qué otras nuevas se tienen que adoptar para
proporcionar el liderazgo legítimo, requerido por las personas que integran el
equipo o la organización?
Lo típico es que los líderes necesiten la ayuda de una tercera persona,
objetiva, para reunir alguna información válida sobre la eficacia de sus
patrones de conducta presentes, y sobre los tipos de liderazgo que necesita su
personal. Pero, en este aspecto de la exploración organizacional, no podemos
atenernos sólo a los ejecutivos superiores. Hay liderazgo en todos los niveles
de la organización, y todos los líderes deben brindar los aportes requeridos
para que se convierta en realidad el concepto de "perseguir una visión".
Por lo menos una vez al año, es conveniente evaluar la fuerza total de
liderazgo de la organización. Cada vez hay más organizaciones que están
empleando sistemas de evaluación del liderazgo en niveles múltiples: cada líder
evalúa su propio desempeño en un conjunto normalizado de conductas y obtiene
como retroalimentación comparativa, las evaluaciones de los miembros de su
equipo y de su jefe. Este tipo de evaluación, puede proporcionar comprensiones
invalorables al líder individual y procurar a la gerencia superior un buen
perfil de la fuerza general del liderazgo.
Cualquier intento de exploración organizacional que no encare el "estado
del corazón" (es decir, las percepciones personales que tienen las
personas) , no es un cuadro completo válido. Necesitamos comprender qué tipo
de energía y compromiso dispone la empresa, y qué puede estar obstaculizando
la liberación y concentración de esa energía y compromiso.
De www.efectividad.net

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