Se necesitan personas especiales
En estos días, gracias a un medio de prensa local, tuve la oportunidad de conocer la extraordinaria historia de Heidy Arias, una joven costarricense de 23 años. Siempre teniendo como norte su independencia, Heidy abandonó la casa de sus padres y hoy vive en un apartamento junto con una amiga, asumiendo las labores domésticas que conllevaba esta decisión, como tener que lavar su ropa, barrer y cocinar. Se desempeña con esmero en sus puestos de mesera y entrenadora de empleados novatos en un restaurante capitalino. Su tiempo libre lo dedica a los deportes, practicando principalmente el baloncesto y el levantamiento de pesas. Dentro de sus mayores aspiraciones se encuentran el llegar a ser una gran locutora, lograr un buen ascenso en su empleo y abrir una cadena de restaurantes, como en el que trabaja, en varios países del mundo.
Llegado a este momento, habrá quién se pregunte: "¿y qué tiene de extraordinaria esta muchacha? Porque, para ser sinceros, su vida no es tan diferente a la de muchas otras jóvenes. Según parece, no es una multimillonaria o una famosa celebridad de Hollywood. Por lo poco que se menciona, no destaca en ninguno de los deportes que practica. Entonces..., ¿qué la hace tan especial?".
Cuando Heidy tenía 20 años, sufrió un misterioso accidente: al estar a punto de descender de un taxi que la había conducido a reunirse con unos amigos frente a una discoteca donde pensaban ir a bailar, una bala perdida atravesó la parte trasera del vehículo y se alojó en su medula espinal, partiéndola en dos.
El diagnóstico final de los médicos fue fulminante: no podría volver a caminar y tendría que pasar el resto de su vida sentada en una silla de ruedas. Detengámonos un instante en este punto. Cualquier persona normal, al estar ante tal encrucijada, solo tiene dos opciones: derrumbarse o salir adelante. ¡Y vaya que existen muchos individuos que se han decidido por la primera de estas alternativas, buscando la compasión de los demás! No obstante, no fue el caso de esta valerosa joven. Como ella misma lo expresara: "El accidente no ocurrió para detenerme; al contrario, sucedió para que fuera capaz de hacer más cosas. (...) Si la gente ve todo lo que yo puedo hacer, probablemente se preguntará hasta donde pueden llegar ellos. (...) Las personas especiales hacemos falta".
Esto ultimo, Heidy, no lo discuto. ¡Claro que el mundo necesita de personas especiales como tú! Personas con grandes ansias de superación y que no se dejan vencer ante el primer obstáculo. Personas que alimentan día con día sus sueños y luchan incansablemente hasta alcanzarlos. Personas que viven agradecidas con lo que tienen y no con lo que les hace falta. Personas que no dan ni un solo paso atrás, salvo para agarrar impulso. Personas que con su ejemplo despiertan las ansias de vivir a los demás. En fin, personas dignas de imitar y admirar.
Cuantos jóvenes existen hoy en día que, teniendo todo su cuerpo y mente sanos, andan deambulando por la vida, sin aspiración alguna. Jóvenes que se la pasan “vegetando”. Jóvenes que quieren ganar dinero, pero eso sí, de la manera fácil, sin sudarse. Jóvenes que buscan la respuesta en las drogas, en el alcohol, en las malas compañías, en el sexo desenfrenado. Jóvenes que desconocen cuál es su posición en la sociedad y que más bien sienten repudio hacia ella. Jóvenes sin principios, a los que no les importa robar o matar al prójimo. Jóvenes con grandes dones personales, que desperdician su vida miserablemente. Jóvenes que sin saberlo, se encuentran atados a una silla de ruedas, ya que optaron por “derrumbarse”, es decir, eligieron la salida fácil, sin complicaciones.
Ya lo decía Roger Wilcox: "A cada uno de nosotros se nos da una porción de tiempo para que lo usemos como queramos. Lo aprovechamos o lo desperdiciamos a nuestro gusto, pero no podemos recuperar un solo día". Permítanme resaltarlo: NO SE PUEDE RECUPERAR EL TIEMPO PERDIDO. No podemos dar marcha atrás. De nada valdrá en el futuro atormentarnos por lo que no hicimos.
Con todo lo anterior, no me estoy convirtiendo en un fuerte crítico de la juventud. Todo lo contrario. Soy consciente, y yo mismo lo viví, que la juventud es una de las etapas más bellas de la vida, pero también una de las más difíciles. Es una época de importantes transiciones, donde el entorno influye de manera considerable sobre ti. Dejas de ser un niño o una niña y te vas convirtiendo en hombre y mujer, con todos los derechos y obligaciones que semejantes “cargos” significan. Pasas de un periodo donde no tienes que preocuparte mucho por tu vida (otros lo hacen por ti), y entras en una etapa donde debes tomar tus propias decisiones. ¡Y esto no es una tarea fácil! Todos, en algún momento dado, hemos sentido miedo de madurar.
Por eso, joven, mi objetivo no es, ni nunca lo será, hablar mal de ti. Mi objetivo es ayudarte a meditar sobre tu vida e intentar hacerte un ser útil para tu comunidad. Un ser humano que experimente cambios positivos en su vida y que logre trascender en ella. Recuerda siempre que eres un ser especial, un ser único en el mundo. Dios nos hizo a su imagen y semejanza, y créeme, Dios no patrocina fracasos, o para que me entiendas mejor, Dios no hace basura.
Retomemos el ejemplo de Heidy, la heroica muchacha que evaluó sus fortalezas y que supo aprovechar el tiempo que le fue dado, sin reclamos ni lamentos. ¿A quién considerarías una persona con discapacidad? ¿A Heidy, postrada en su silla, con sus grandes ansias de vivir y trabajando con perseverancia por alcanzar sus sueños? ¿O aquellos que, aplastados de igual manera en sus sillas, se la pasan todo el día frente al televisor o frente a sus videojuegos, por mencionar solo dos ejemplos, simplemente matando el tiempo, porque no tienen otra cosa que hacer y no tienen ilusiones en sus vidas? Usted, estimable amigo, tiene la respuesta.
Solo me gustaría hacerte una pregunta final: ¿cuál modelo quieres seguir...?
Eladio
Valerio, Atenas, Costa Rica
