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CONSUMO DE DROGA
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Para un buen desarrollo de la personalidad es necesario que se lleve a cabo en forma saludable el proceso de socialización. Dos elementos básicos son necesarios para que este proceso llegue a buen término: el amor y el trabajo. Gracias al primero el sujeto se siente aceptado en forma gratuita, lo cual repercute en su nivel de autoestima, y gracias al segundo se siente útil a los demás, afirmando así su sentido de pertenencia. Autoestima y sentido de pertenencia favorecen el sentimiento de seguridad de la persona, y evita las conductas neuróticas de evasión, de las cuales el alcohol y drogas son paradigma común en nuestra cultura.
Si existen problemas en alguno de los elementos del proceso de socialización antes señalados, es fácil que la persona busque compensaciones evasivas. Esto ocurrirá, por ej. con todos aquellos que no se sienten suficientemente amados o que no sienten afirmada su necesidad de pertenencia; estas personas vivirán fuertes sentimientos de inseguridad, y de alguna manera tratarán de compensar los vacíos afectivos que acompañan esas carencias. De ahí las motivaciones para la droga que señalamos a continuación.
1. Falta de comunicación familiar y social.
La comunicación es esencial para el desarrollo de la persona, pues gracias a ella el sujeto es capaz de saberse aceptado y amado. Desde el primer momento de su existencia el ser humano es relacional; puede vivir, gracias al cuidado y atenciones de los demás. Al nacer, la persona humana es la más desvalida entre los mamíferos: no podría sobrevivir sin los cuidados, esmeros, y atenciones de sus padres. Gracias al arropamiento acogedor de los adultos que le rodean, el ser humano podrá desarrollar sus potencialidades y capacidades de vida. Necesita de los demás para tomar conciencia de sí y llegar a ser él mismo.
Hoy contamos con fabulosos instrumentos y medios técnicos de comunicación masiva, pero nos falta la comunicación personal, y eso nos lleva a ser víctimas de una especie de deshumanización ambiental más o menos generalizada; el ser humano se siente cada vez más solo y aislado. La respuesta constructiva a esa deshumanización debería venir de la familia y de la educación. La familia está siendo hoy muy bien valorada, especialmente por los jóvenes (así lo confirman las encuestas, también en los países altamente desarrollados), pero cuando la familia no satisface suficientemente estos anhelos de plenitud afectiva y relacional, el individuo, especialmente el joven, buscará comunicación compensatoria en el grupo de pares, con quienes desarrolla fuertes vínculos de amistad y compromisos de dudosa lealtad.
Por razones relacionales el joven siente la necesidad de identificarse con el grupo, y es fácil que pierda o no desarrolle convenientemente el sentido crítico. Cae entonces en el riesgo de que esa identificación le arrastre a imitar las conductas del grupo, sean las que sean. De hecho, se sabe que la mayoría de los jóvenes que abusan del alcohol y drogas se iniciaron en esas conductas por imitación y presión del grupo; se conocen muy pocos inicios en forma individual o solitaria.
Cuando algunos jóvenes han experimentado problemas en la individuación y desarrollo de la propia identidad, sentido de autonomía, etc., (por ej. el caso de la difícil separación de la madre en casos de sobreprotección), puede producirse en el sujeto una actitud muy gregaria como mecanismo de autodefensa. Para personas así, no seguir la moda, la corriente, el parecer de los demás, etc., les supone vivir una situación angustiosa, muy difícil de superar. El grupo, es pues, arma de doble filo.
A esto se añade el problema del aburrimiento por el exceso de tiempo libre. La cesantía, el no tener nada que hacer, sirve para que el individuo se sienta inútil, alejado de ese trabajo que constituye, junto al amor, los grandes pilares del desarrollo personal. Este mucho tiempo de sobra y de no hacer nada, el aburrimiento consecuente, el ocio improductivo, agudiza el sentimiento de soledad y de baja autoestima. He aquí un excelente caldo de cultivo para aumentar el sentimiento de inseguridad y el peligro de la depresión. No es raro que estos sentimientos se pretendan compensar mediante acciones evasivas que sirven para buscar en cualquier lugar, aunque sea en forma equivocada, el afecto que se añora.
2. Falta de sentido de la vida.
El sentido de la vida tiene mucho que ver con la esperanza. La esperanza es el nervio de todo progreso humano y motor del desarrollo (Montes 1995). Cuando hay motivos de esperanza hay motivos por los cuales vale la pena luchar. Gracias a la esperanza el hombre es capar de sacrificarse, de realizar esfuerzos, enfrentar ciertos sufrimientos y postergar la gratificación inmediata en aras de otros objetivos de largo alcance (ej. estudiante responsable que es capaz de renunciar a la gratificación de una fiesta por la esperanza de obtener buenos resultados académicos).
Cuando no hay esperanzas de largo aliento, objetivos serios por los cuales vale la pena luchar, la vida pierde sentido y se cae en el aburrimiento y en la evasión. Vivimos una época de inmediatismo que nos lleva a la búsqueda de la satisfacción inmediata de cualquier necesidad. Hace tiempo que a muchos niños no se les educa en la tolerancia a la frustración; cuando después se enfrentan a los problemas y contrariedades de la vida no saben reaccionar, y se frustran inmediatamente, adquiriendo una especie de complejo de fracaso que les impide la ilusión, el optimismo y la esperanza necesarios para seguir luchando.
En situaciones así es probable que el sujeto tienda a evadir la realidad para escapar de los problemas personales. Las drogas pueden ser atractivas para muchas personas que las usan bien por placer, o para olvidar sus problemas, o bien para relajarse. Por medio de la droga se busca la manera de alcanzar la felicidad instantáneamente; la búsqueda del placer, y la huida del tedio o del fracaso. A esto se une el deseo de experimentar sensaciones nuevas, y encontrar un nuevo estilo de vida junto al grupo de pares.
3. Falta de verdadera libertad.
Confundimos el concepto de libertad con el de la compra en el supermercado donde podemos elegir productos entre múltiples alternativas. Pero el verdadero concepto de libertad es otro: es la capacidad de tomar decisiones responsables y autónomas para fortalecer el sentido de la vida. Todas las redes o cadenas que impiden al hombre el desarrollo del sentido de su vida son impedimentos para la libertad. En este sentido, sólo es libre quien es capaz de amar y de comprometerse por una noble causa.
El alcohol y la droga son signo de esclavitud y no de libertad. El abuso del alcohol sirve en algunas ocasiones como recurso fácil para la desinhibición y manifestación liviana de sentimientos y emociones. Quien recurre al alcohol para conseguir estos logros es probable que sea víctima de una personalidad bastante saturada de complejos de inferioridad más o menos latentes, y baja autoestima. Si logra esta desinhibición mediante el consumo de alcohol, es posible que esta droga u otra cualquiera se constituya por sí misma en refuerzo y motivación para seguir consumiéndola. Por eso, una vez iniciado el consumo excesivo de droga, ella misma se convierte en la principal motivación para el consumidor, quien verá alterada su relación con la sociedad (familia, compañeros, amigos), ya que deja de cumplir sus compromisos con los demás.
4. Falta de la imagen paterna.
Todo estudioso de la psicología sabe muy bien la importancia del padre para nuestro desarrollo personal. El padre es el símbolo del superyó, el autor de las normas que dan seguridad y que nos dibujan el mapa de navegación para la vida. Gracias a la autoridad paterna (autoridad, no autoritarismo) el niño va creciendo en el discernimiento de lo que conviene y no conviene hacer. El padre representa las normas de conducta y de valor. Pues bien, se dice que Chile es una sociedad sin padre. No sólo porque muchas de nuestras familias hoy son monoparentales a cargo de la madre, sino porque en la sociedad actual en general, se ha producido una especie de "despadre" en el sentido de que, a través de los medios de comunicación social y de ciertas costumbres generalizadas, se estaría inculcando una especie de relativismo subjetivo, que prescinde de los grandes valores y normas objetivas.
Según eso, se estaría desdibujando entre nosotros la imagen del padre bueno, del padre autoridad sana y segura, del padre que primero toma de la mano para ayudarnos a pasar el peligro, pero que después, gracias a que enseña para que el hijo asuma e internalice las normas de seguridad, lo deja solo para que desarrolle una auténtica autonomía. Por eso dicen los psicólogos que la buena relación con el padre ayuda a pasar de la moral heterónoma a la moral autónoma. Eso es lo que hace al sujeto verdaderamente libre; eso es lo que permite al individuo desarrollar una personalidad segura y firme.
Sin esas normas que cumplen el papel de brújula, el hombre se debate desorientado, sin puntos de referencia que le marquen el norte y le den seguridad. Por ley del péndulo, hemos pasado de un normalismo y moralismo exagerado, al otro extremo en que muchos no saben en qué consiste su deber ser y deber hacer. Sin un sano sentido del deber se nos hace imposible la autoestima y el respeto a los derechos de los demás, y por lo tanto, es imposible la convivencia. Como reacción, muchas personas se debaten entre angustias paralizantes, respuestas rígidas o fanáticas que ofrecen aparente seguridad, y profundos desconciertos que llevan a los mecanismos evasivos, cuya clara expresión encontramos en el abuso del alcohol y otras drogas.
El drogadicto sufre un proceso de despersonalización. Esto significa que se altera la relación del individuo enfermo con la sociedad, y se desestabiliza su rol como estudiante, trabajador, padre de familia, etc. Señalemos algunos síntomas de estas consecuencias:
1. Deterioro de la imagen personal.
Se pierde la imagen anterior de la persona, y se asume la identidad de consumidor, con los consiguientes daños para el prestigio personal y la autoestima. El deterioro de la propia imagen impide a algunos sujetos el desarrollar la fuerza necesaria para levantarse e iniciar el camino hacia la superación. Es como si dijera: puesto que dicen que no valgo nada, ya no me importa nada.
2. Aislamiento.
La persona que consume alcohol y droga en exceso tiende a perder contacto con sus antiguas amistades, y se relaciona mucho menos con sus familiares. El consumo de droga conduce a la desesperación y soledad absoluta, situación que puede disparar las consiguientes experiencias depresivas.
3. Estigmatización.
La sociedad lo etiqueta de "drogadicto" y, por mecanismos del modelo que se refiere a la teoría de la personalidad implícita, y otros procesos de atribución, le atribuye diversos comportamientos y características que no necesariamente tiene esa persona. Por ejemplo, le tildan de irresponsable, vicioso, ladrón, delincuente, promiscuo sexual, etc.
4. Rechazo social.
Jóvenes que hasta hace poco tiempo caían bien a los demás, e irradiaban una buena imagen de gracia y simpatía, empiezan a ser rechazados, como consecuencia del cambio producido en las redes de amistad, y por la relación frecuente con otros consumidores, que es considerada por los otros miembros de la sociedad como relación contaminante.
5. Relación de pareja.
La relación de pareja es un proceso complejo y delicado; son muchos los elementos cognitivos y afectivo - emotivos, que en ella entran en juego. Ese proceso sufre un grave deterioro general, y es probable que también la otra persona acabe involucrada en la práctica del consumo. A pesar de que, especialmente por parte de las mujeres, es bastante frecuente el mito de que su novio cambiará de conducta al casarse, y asumirá entonces una conducta más responsable, y no volverá a consumir (lo ha prometido tantas veces), es aconsejable que no se llegue al compromiso matrimonial en estas condiciones. Las estadísticas muestran que si no se produce el cambio antes del matrimonio, tampoco se dará al casarse, al menos no al principio del matrimonio.
6. Vida familiar.
Es obvio que la familia del drogadicto o del consumidor excesivo de alcohol sufre una severa desorganización. Las relaciones comienzan a centrarse en la persona del consumidor de una manera obsesiva, y otros miembros de la familia (especialmente hermanos menores) comienzan a vivir hacia el enfermo una casi trágica ambigüedad afectiva: por un lado sienten amor y lástima por el alcohólico o drogadicto, pero por otro lado no pueden evitar otros sentimientos de rabia y menosprecio, acompañados de un sentimiento generalizado de impotencia. Así, el miembro consumidor de la familia se torna en elemento de discordia, y perturbador de la paz en el seno del hogar.
7. Rendimiento escolar y problemas de conducta.
En el caso de los estudiantes se pierde el interés por los estudios y se altera el comportamiento tanto al interior como al exterior de la institución. Ello es también ocasión para que el prestigio del consumidor baje vertiginosamente en el concepto que de él se van haciendo sus compañeros y profesores.
8. Desempeño laboral.
En el caso de los trabajadores disminuye la motivación para el logro en general, y son frecuentes las conductas de ausentismo y falta de concentración en la tarea, con lo cual baja su productividad, exponiéndose a las malas calificaciones y al peligro de despido. Es un hecho que a causa del consumo exagerado del alcohol y drogas, disminuye en muchos lugares la calidad del trabajo y la eficacia. El sujeto ve alterada su disposición para el trabajo, y cada día experimenta una mayor dificultad para asistir a su centro laboral y cumplir con las tareas encomendadas.
9. Riesgo de accidentes.
Esto resulta especialmente crítico en ocupaciones que involucran manejo de maquinaria, responsabilidad sobre valores e información, o sobre la seguridad de terceros. En Chile exhibimos un triste récord en accidentes automovilísticos, muchos de ellos con pérdida de vidas humanas, a causa de este problema. Véanse cuántos jóvenes han perdido la vida en nuestras calles y carreteras después de una fiesta, o de encuentros discotequeros de fin de semana.
10. Incidencia en conductas delictuales.
El uso indebido de alcohol y drogas tiende a producir conductas antisociales. Por lo general, el proceso se desarrolla de la siguiente forma: inicio del consumo, mantenimiento del mismo hasta llegar al acostumbramiento y dependencia, necesidad perentoria de dinero para adquirir el producto de consumo, venta y trueque de las propias pertenencias por drogas, sustracción de dinero y enseres de la familia y, finalmente, robo a terceros.
11. Costos de tratamiento.
Otra consecuencia social son los altos costos de los procesos de tratamiento y rehabilitación. A esto se suma la poca disponibilidad que existe en nuestro país, de centros adecuados de tratamiento.
12. Riesgo de SIDA.
Esto ocurre no sólo por el posible uso de drogas por vía endovenosa, sino porque bajo los efectos del alcohol y otras drogas, se facilitan conductas de promiscuidad sexual.
Por todo lo que llevamos dicho se ve que el drogadicto es alguien que necesita de toda la ayuda de la sociedad, pues se trata de un enfermo social; es un enfermo con el agravante de que ha perdido, en la mayoría de los casos, la fuerza necesaria para sobreponerse a sí mismo (voluntad enferma), y por lo tanto, su recuperación depende en gran medida de la red de apoyo que podamos tender hacia él.
El drogadicto es una persona que ha deshecho su óptica social y proyecto personal, ha destruido su personalidad, y perdido la alegría de vivir. ¿Cómo recuperarle? He ahí el desafío de las instituciones sanitarias públicas y privadas de la sociedad. Como siempre, lo más importante es atender a todos los medios necesarios para promover desde la infancia una eficaz campaña de salud preventiva o primaria en torno al problema. No sólo los servicios de salud, sino la familia y las instituciones educacionales (desde la primaria hasta la universitaria), tienen mucho que decir y hacer en este campo. Todo desarrollo personal y social pasa por la educación.
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BIBLIOGRAFÍA
CONACE, 1998: La formación de las adicciones. Santiago. CONACE, N° 21, Agosto
1998.
CONACE, 2000: Resultados del IV estudio nacional de consumo de drogas en Chile
para las trece regiones del país. Santiago, CONACE.
Gutiérrez, Cecilia, 2001: Aumenta tendencia de que niños se críen sin la
presencia de sus padres. Santiago. LA TERCERA. 26 de Agosto de 2001.
Ministerio de Salud, 2000: Primer resumen. Estudio Nacional del Comportamiento
Sexual en Chile. Santiago. Ministerio de Salud.
Montes, Fernando. 1995: La droga como problema de la cultura y del hombre.
Mensaje, N° 439., junio 1995. Santiago. (pp. 10 - 14).
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José Luis Ysern de Arce
Universidad del Bio-Bio
Chillán, agosto de 2001
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Citado por
Mario Alejandro Wolansky
"Conócete a ti mismo".
"Cuando hay amor, todo se puede".
Buenos Aires Argentina
pazyamor@datafull.com
http://mariow.tripod.com.ar
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consumo de drogas, drogadicción, alcoholismo, adicción, adicto.