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Antes que ellos crezcanPor Blanca Marquez Rascon, México. Hay un periodo cuando los padres quedan huérfanos de sus hijos. Es que los niños crecen independientes de nosotros, como árboles murmurantes y pájaros imprudentes. Crecen sin pedir permiso a la vida. Crecen con una estridencia alegre y a veces, con alardeada arrogancia. Pero no crecen todos los días, de igual manera crecen de repente. Un día se sientan cerca de ti en la terraza y te dicen una frase con tal naturalidad que sientes que no puedes mas ponerle pañales. ¿Donde quedaron la placita de jugar en la arena, las fiestitas de cumpleaños con payasos, los juguetes preferidos? El niño crece en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil. Ahora estas allí, en la puerta de la discoteca, esperando que el/ella no solo crezca, sino aparezca. Allí están muchos padres al volante, esperando que salgan zumbando sobre patines y cabellos largos y sueltos. Allá están nuestros hijos, entre hamburguesas y gaseosas en las esquinas, con el uniforme de su generación, e incomodas mochilas de moda en los hombros. Allí estamos, con los cabellos casi emblanquecidos. Esos son los hijos que conseguimos generar y amar a pesar de los golpes de los vientos, de las cosechas, de las noticias y observando y aprendiendo con nuestros errores y aciertos. Principalmente con los errores que esperamos que no repitan. Hay un periodo en que los padres van quedando un poco huérfanos de los propios hijos. Ya no los buscaremos mas de las puertas de las discotecas y de las fiestas. Pasó el tiempo del piano, el ballet, el ingles, natación y el karate.
Salieron del asiento de atrás y pasaron al volante de sus propias vidas.
Deberíamos haber ido mas junto a su cama al anochecer, para oír su alma
respirando conversaciones y confidencias entre las sabanas de la infancia.. Y a
los adolescentes cubrecamas de aquellas piezas llenas de calcomanías, posters,
agendas coloridas y discos ensordecedores. No los llevamos suficientemente al
cine, a los juegos, no les dimos suficientes hamburguesas y bebidas, no les
compramos todos los helados y ropas que nos hubiera gustado comprarles. Llega el momento en que solo nos resta quedar mirando desde lejos, torciendo y rezando mucho para que escojan bien en la búsqueda de la felicidad, y que la conquisten del modo mas completo posible. El secreto es esperar. En cualquier momento nos pueden dar nietos. El nieto es la hora del cariño ocioso y picardía no ejercida en los propios hijos, y que no puede morir con nosotros. Por eso, los abuelos son tan desmesurados y distribuyen tan incontrolable cariño. Los nietos son la ultima oportunidad de reeditar nuestro afecto. Así somos, solo aprendemos a ser hijos después que somos padres, solo aprendemos a ser padres después que somos abuelos. Desde pequeños, los seres humanos en evolución no deben ser educados con golpes ni devaluándolos diciéndoles que son tontos, flojos, vagos, que no saben hacer nada bien. Al contrario, celebren y felicítenlos por sus pequeños triunfos y minimicen sus errores, haciendo ver que un error no los convierte en “niño malo”, simplemente se le indica que corrija el error y ayudándoles a corregirlo. Se deben establecer límites, no se puede dejar que crezcan salvajes, y sobre todo límites para evitar que se dañen a sí mismos y dañen a los demás, explicando con argumentos verdaderos al nivel de comprensión de ellos y no sólo “porque lo digo yo”, buscando la conducta adecuada a la sociedad y a los intereses de los pequeños, no a nuestros propios intereses como padres que pueden ser equivocados. Apoyar sus acciones que son en beneficio de todos, no solo diciendo que se le apoya, sino dejándoselo sentir y haciéndolo, deje que aprenda por si solo a tomar decisiones y hacerse responsable de las consecuencias de esas decisiones. Si seleccionó ropa no adecuada, deje que los compañeros se burlen de él, si no estudia lo suficiente, deje que sufra la consecuencia de repetir el ciclo escolar. En acciones antisociales dejarlo que sufra las consecuencias desde pequeño, para que ya mayor tenga el conocimiento que en acciones graves va a sufrir consecuencias graves. No es conveniente que le esté peleando por que no arregla su cuarto, no estudia lo suficiente, juega mucho, pierde el tiempo etc. Esto sólo crea resentimientos y refuerza la conducta que no queremos. Es mejor destinar un tiempo con él para una conversación de la más tranquila e informal y preguntándole qué es lo que realmente desea obtener en la vida, y que está ahí para ayudarlo. Si en ese momento no tiene ningún deseo, pídale de tarea para un cierto tiempo que empiece a definir que es lo que quiere. Cuando tenga algo digno, legal, honesto que hacer, aunque a Ud. padre no le guste, le dice que si realmente eso es lo que quiere hacer lo va a ayudar a conseguirlo. Con una guía que le da motivos para moverse a conseguir lo que quiere, es posible que estudie más por sí mismo que obligado a estudiar sólo por estudiar, sin ningún fin o propósito. Y cuando el adolescente se distrae desviándose de lo que él dijo, por ejemplo viendo demasiada televisión, solo se le recuerda amablemente que con esa actitud le va a ser muy difícil conseguir lo que él quiere. No puedo extenderme mucho en un artículo como éste, sólo me queda decir que
si hay padres con hijos problemáticos, a los que les conviene ir con el
terapeuta, son a los padres y no al hijo, porque aquí el asunto no es cómo me
hace caso el adolescente a lo que yo quiero, a que se ajuste a mí, y todavía
existe la posibilidad que el equivocado sea yo como adulto. Lo mejor sería
guiarlo, aconsejarlo, apoyarlo y ayudarlo para que consiga lo que él quiere.
Déjelo vivir, déjelo escoger la profesión, los amigos, su estilo de ropa, etc.
Siempre que sea legal y que no haga daño a nada, a nadie, ni a él mismo. Recuerda que tus acciones gritan más fuerte que tus palabras.
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